La vida agitada de las palabras

por NandoTravesí


Si bien es cierto que el lenguaje construye realidades y que la manera en la que usamos las palabras define con más precisión de lo que a menudo pensamos nuestra concepción de la realidad; también lo es que la realidad evoluciona y va transformando el uso y significado de algunas palabras e, incluso, generando otras nuevas que sean capaces de definir conceptos y situaciones que antes no existían. Así parece demostrarlo la dos palabras seleccionadas por sendas instituciones relacionadas con la lengua española e inglesa respectivamente como las “palabras del año 2016”: populismo, por la Fundación Fundéu; y posverdad por el Diccionario de Oxford. Y, tal y como van las cosas, parece que ambas tendrán máxima vigencia a lo largo de todo el año que tenemos por delante.

Aunque muchos podrían argumentar que la palabra populismo tiene larga data, la elección de la Fundación del Español Urgente llama la atención no tanto sobre el vocablo en sí sino sobre la tendencia, ya existente pero acelerada en los últimos tiempos hasta su generalización y estar hoy día ya masivamente aceptada, de utilizarlo en tono peyorativo.

Efectivamente, resulta interesante observar cómo un sustantivo de carácter neutro (definido en el Diccionario de la R.A.E. como la tendencia política que pretende atraerse a las clases populares) ha pasado a emplearse exclusivamente como una descalificación e, incluso, como un insulto. Por tanto, el adjetivo “populista” (que la R.A.E. define como perteneciente o relativo al pueblo) es hoy día una injuria frecuente que se utiliza, especialmente, en el campo de la política. Y tal es así que aunque el Diccionario de la R.A.E. advierte explícitamente que su uso mayoritario es en tono despectivo, otros diccionarios prestigiosos como el María Moliner no tiene reparos en asociar su definición con la demagogia.

Resultaría aún más interesante reflexionar sobre las causas de esta evolución tan rápida como negativa de la palabra populismo. Quizá sea porque, ya incluso por definición, vivimos en un contexto en el que defender los intereses populares, los del pueblo corriente, se ha convertido en algo negativo e indecoroso. Quizá porque hoy día (donde impera como modelo y objetivo el dinero y la exclusividad y hasta quien no lo tiene alberga un “alma de rico”) el entendimiento general de la palabra “pueblo” se ha reducido también a sus acepciones que, también según la R.A.E., lo definen como población de menor categoría o como la gente común y humilde de una población.

Por su parte, la palabra posverdad (la cual también figuraba, por cierto, entre las finalistas de las palabras en español) fue elegida por el diccionario de referencia de los ingleses como la más importante del mismo año en el que, en el mundo anglosajón, venció el Brexit y Donald Trump fue elegido Presidente de los Estados Unidos (lo cual se escribe aún con dolor). El concepto (en inglés, Post-truth) se presenta como un adjetivo para destacar situaciones en las que los hechos y los datos son menos influyentes para dar forma a la opinión pública que los llamamientos a las emociones o a las creencias personales. En otras palabras, una manera de señalar aquellas situaciones en las que la verdad, demostrada y fáctica, se convierte en irrelevante. Se reconoce que su aplicación es también, generalmente, en el mundo de la política aunque se extendería a casi todas las conversaciones que, en público o en privado, mantenemos sobre ella.

El reciente, y prematuramente médico fallecido, Hans Rosling dirigió gran parte de sus esfuerzos personales y profesionales a la defensa del uso de los hechos y los datos para promover una visión del mundo informada y real. Para ello, creó su fundación GAPMINDER y especialmente su Proyecto Ignorancia en el que demostraba, científica y estadísticamente, que sabemos muy pocas cosas y que erróneamente confiamos en exceso en nuestras opiniones las cuales están viciadas por ideas preconcebidas, experiencias personales, datos anticuados aprendidos en el colegio y la influencia nociva de las noticias. Por eso, además de dedicar su fundación a la difusión y representación de datos estadísticos de manera comprensible, aseguraba sin pudor que uno de los pasos imprescindibles para conocer la verdad es dejar de ver las noticias de la televisión y concentrarse en construir nuestras opiniones en datos empíricos contrastados.

Consejo de gran utilidad para sobrevivir en los tiempos de hoy: una época de posverdad y en la que impera el populismo en su acepción actual más negativa.

 

P.s: Bauman, Todorov, Rosling…cómo vamos a hacer para seguir entendiendo el mundo si cada vez que acudimos al rincón de pensar echamos en falta a algunos de los que más nos han ayudado para entender el mundo. (Grandes pérdidas así no ocuparan los titulares del triunvirato musical Bowie-Michael-Prince.)

P.s. II: (para Colombia): Populismo y posverdad… ahora que lo pienso, ¿por qué no se darían cuenta de esto el año en el que el ex-presidente Uribe popularizó aquello del Estado de Opinión?

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