Opino, luego existo (aunque no piense)

por NandoTravesí


Si en alguno de los seis planetas recientemente descubiertos por la NASA hubiera un habitante que se asomara a la tierra y la juzgara por la sección de comentarios de muchos medios digitales pensaría, con toda la razón, que somos un mundo de vándalos.

Y es que pese a los intentos de los medios de moderar los espacios con códigos de conducta, reglas de escritura o procesos de registro que eviten la peligrosa sombra del anonimato, la realidad es que la mayoría de las noticias de la actualidad van seguidas por una larga lista de intervenciones de usuarios, casi siempre enfurecidos, en las que predominan las reacciones airadas, los prejuicios y estereotipos, las opiniones infundadas, las descalificaciones, los insultos y tantas grescas cruzadas entre los intervinientes que dejan un sabor parecido al de un campo de batalla. Algo así como una versión moderna y virtual de las paredes de los baños de la Facultad en las que conviven, en un universo caótico y desordenado, insultos con ingenios, burradas y obsesiones con declaraciones de amor, propuestas políticas o filosóficas con groserías y amenazas.

Un espectáculo lamentable de muy poca calidad informativa, y de casi ninguna calidad intelectual, que responde a una época en la que parece que todo el mundo debe tener una opinión sobre todo y, lo peor, que todas las opiniones valen por igual.

Y aunque no cabe duda de que todas las personas merecen respeto, sí es más discutible que todas las opiniones sean válidas y respetables.

La facilidad y la velocidad con la que internet, y las redes sociales, transmiten y amplifican cualquier opinión va asentando una tendencia de democracia y participación malentendida en la que se termina dando el mismo valor a una opinión vacía y desinformada que a un juicio fundamentado y razonado. Y lo que es peor, la opinión vacua y necia llega a tener mucha más repercusión e impacto que la seriedad y el fundamento si el “opinador” del momento tiene un alto perfil público o miles de seguidores incondicionales que le hacen eco, le aplauden y contribuyen a que una mentira, repetida miles y miles de veces, se convierta en “verdad”.

Una popular periodista española que desde sus famosos e interesantes programas de entrevistas a finales de los ochenta lleva casi veinte años en caída libre (y veinte años cayendo terminan en un sitio muy, muy bajo) ilustraba con toda claridad esta tendencia en su programa de televisión de esta semana, insultando y ridiculizando a un bioquímico que argumentó y contradijo sus opiniones sobre dietética y al que ella desautorizó llamándole gordo. Y tan preocupante es la arrogancia, la agresividad y la actitud de superioridad intelectual de la periodista hacia el científico como la validación del público que aplaude y aprueba el espectáculo con sus aplausos. El circo romano.

Pero si los movimientos sociales también se rigen por el principio de acción y reacción, siempre quedan esperanzas al ver aparecer soluciones creativas: un periódico digital noruego ha creado una nueva estrategia para gestionar mejor los comentarios a sus noticias insertando un breve cuestionario que el lector debe contestar antes de poder opinar. Las tres preguntas (redactadas por el propio periodista que firme el artículo y que deben contestarse para desbloquear la opción de insertar un comentario) tienen como objetivo demostrar que el usuario ha leído toda la noticia hasta el final, facilitar una mínima reflexión antes de opinar y moderar así el tono y la temperatura de los debates. Veremos cómo funciona y lo que tarda esta figura en extenderse.

Y como todo es cuestión de escala, en las calles de los Estados Unidos, también como reacción popular se prepara una gran manifestación para el próximo 22 de abril (Día de la Tierra) para lo mismo: para reclamar y defender el valor de la ciencia, los hechos probados y las investigaciones científicas del desprecio y los ataques que hoy se lanzan desde posturas políticas, posiciones ideológicas u opiniones infundadas que se emiten alegremente desde los sillones de poder y se amplifican en twitter.

Y, sin duda, el extraterrestre que lo viera con su telescopio desde esos nuevos planetas se frotaría los ojos preguntándose asombrado cómo es posible que un mundo civilizado necesite semejante reacción popular en su año 2017.

bano4

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