El ‘mundo raro’ de Chavela

por Andrés Osorio


No es cierto que todas las canciones de amor llenen el alma, ni que todas las de tristeza la vacíen. Por eso, y sin dudarlo, Joaquín Sabina admitió “que las amarguras no son amargas cuando canta Chavela”.

chavela

 

Ella sonríe, y aunque sus brazos son cortos, logra abrazar a todo el público. Su voz, que se desgarra por Madrid, es una nostalgia difícil de explicar para quien escucha sus canciones. Es 1993, y Chavela Vargas en el escenario intenta devolverles a los compatriotas de Almodóvar, la generosidad que le ofrecieron.

Muchos años antes, en la basílica de Guadalupe la bautizaron como María Isabel Anita Carmen de Jesús. Sus padres, quienes la abandonaron, se aseguraron que al menos dios se hiciera cargo de ella. Y aunque nadie respondió por esta mujer que nació María Isabel en Costa Rica, y en México se convirtió en Chavela, su carácter la hizo cargo de sí misma, de su mundo raro.

Comió poco, pero también se dio lujos, como el de ser una mujer transgresora y rebelde en el país de los meros machos, como sostiene la periodista Laura Ayala. Cantó con Joaquín Sabina, actuó con Pedro Almodóvar, vivió con Frida Kahlo y Diego Rivera; y alguna vez cantó en el teatro Olympia de París, así como en el Zócalo del DF.

frida y chavela
Frida Kahlo, Diego Rivera y Chavela Vargas vivieron juntos poco tiempo antes de la muerte de la artista mexicana, en Coyoacán, México.

 

 

Chavela tenía tantas historias que contar, como lágrimas para llorar, por al menos una de ellas. Cambió, además, los amores idílicos por el tequila, las rancheras y las mujeres; y aunque su homosexualidad fue absurdamente cuestionada, tuvo los pantalones para interpretar canciones que estaban reservadas para hombres de bigote y pistola.

La amistad la conmovía, y sus amigos se conmovían con sus palabras, como esa vez que en televisión española le preguntó a Sabina y a Serrat sobre sus sueños y sus sentimientos.

Chavela pisó firme en su mundo raro, porque a pesar del fango de las decepciones, sus amarguras lejos de producir lástima, inspiraron. Sin más que una guitarra, una voz y un tequila para vencer el pánico escénico, La Vargas cantó hasta los 93. Así como México tuvo a Zapata al frente de la línea de batalla, a ella la tuvo detrás de su manto rojo con negro, tímida y silenciosa, pero igualmente revolucionara.

En últimas, no cualquiera sabe reír, como llora Chavela.

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